¿Qué es el dolor?

La International Association for the Study of Pain (IASP) ha ido actualizando las definiciones del dolor, hasta llegar a la última en 2020, que define el dolor como:

“Una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño tisular (en un tejido de nuestro cuerpo) real o potencial o descrita en términos de tal daño”

Lo primero que hay que saber para comprender por qué sentimos dolor, es que se trata de un sistema de protección de nuestro cuerpo que nos alerta de la presencia de lesiones.

  • Si fuéramos incapaces de experimentar dolor, podríamos dañarnos de manera continuada sin poder evitarlo.

Por otro lado, hay que entender que el dolor es también un fenómeno subjetivo que puede asociarse o no a otra patología.

  • Por este motivo, la intensidad del dolor no siempre está necesariamente relacionada con la gravedad de la alteración que lo produce.

El dolor se genera a partir de un estímulo externo que activa determinadas células de nuestro cuerpo. Estas células transmiten, a través de médula espinal, la señal al cerebro. Se trata por tanto de un fenómeno controlado por el sistema nervioso.

  1. En nuestro cuerpo existen, por tanto, unos receptores del dolor, llamados nociceptores.
  2. Cuando un tejido se encuentra lesionado o inflamado, se generan unas sustancias que provocan que los nociceptores aumenten su sensibilidad, de manera que estímulos de muy poca intensidad son suficientes para generar una señal dolorosa.
  3. La señal es transmitida por determinadas fibras nerviosas que la llevan a las regiones cerebrales encargadas de la percepción del dolor.
  4. Los nociceptores, además de desencadenar la señal, liberan mediadores que, entre otras funciones, pueden inducir la producción y liberación de sustancias que favorecen el desarrollo de una inflamación.

El dolor es la causa más frecuente de consulta médica.
En nuestro país, las encuestas realizadas muestran que, del total de la población

Tanto la prevalencia, como la intensidad del dolor, aumentan con la edad.

Además, hay que tener en cuenta que la presencia de dolor interfiere con las actividades de la vida diaria:

  • En el 14% de la población
  • Incrementándose hasta un 20% en los mayores de 65 años

Esta situación se ha visto empeorada durante el pasado año, a causa de la COVID-19. En los pacientes con dolor crónico, el aislamiento y/o distanciamiento social causado por la pandemia ha podido empeorar su cuadro físico y emocional.

Características del dolor

Aunque existen numerosos criterios de clasificación del dolor, los más utilizados se basan en su origen, en su duración, en la intensidad y en la región afectada.

Dolor nociceptivo

Ausado cuando un determinado estímulo (como una determinada lesión, una situación de inflamación o una infección) activa nuestros receptores del dolor.
La intensidad del dolor experimentado suele relacionarse con la gravedad de la lesión en cuestión.

Dolor neuropático

En este caso, el origen puede ser un estímulo que afecta directamente al sistema nervioso o a alguno de los nervios periféricos. Es común que exista hiperalgesia, es decir, que el dolor que se experimenta sea desproporcionado en relación al estímulo que lo produce. Aunque las causas que lo ocasionan pueden ser muy diferentes, suele presentarse con características comunes en la mayoría de los pacientes, como hormigueo, picor, sensación de ardor o de punzamientos.

Dolor psicógeno

Se trata del dolor que tiene una causa psíquica (p. ej., depresión, hipocondría).
También se incluye la intensificación desproporcionada de un dolor físico debido a factores psicológicos.

Otra manera de clasificar el origen del dolor es atender al proceso patológico que lo origina, si es que se conoce cuál es. Así, podríamos hablar, por ejemplo, de dolor por cáncer o dolor por artritis o dolor postquirúrgico. Desde el punto de vista terapéutico es menos útil que la clasificación previa.

El dolor se puede clasificar como leve si no interfiere en la capacidad para realizar las actividades diarias, moderado cuando dificulta estas actividades, e intenso cuando interfiere incluso en el descanso.

Como el dolor es subjetivo, la intensidad del mismo se mide en base a la información facilitada por quien lo padece. Para ello existen numerosas escalas de valoración del dolor, y se utilizará la más adecuada para cada paciente.

Dolor moderado

Es el más notificado entre quienes experimentan dolor (en casi dos tercios de los pacientes)

Dolor leve

Es el segundo en prevalencia (24%) y el dolor grave, el menos notificado (12%)

Dolor agudo

Denominado así por su corta duración; desaparece al curarse la herida o lesión que lo provoca.
Se trata de un tipo de dolor cuya localización suele ser clara y la intensidad experimentada se correlaciona con la del estímulo causante.
Suele ir acompañado de reflejos protectores, como un espasmo muscular.

Dolor crónico

Este tipo de dolor está especialmente condicionado por aspectos psicológicos o afectivos. De hecho, es habitual que se presenten trastornos de manera simultánea como depresión, alteraciones del sueño o disminución de las capacidades físicas.
Puede estar originado por múltiples causas, y la intensidad y desarrollo del mismo son variables.
Hay que tener claro que, mientras el dolor agudo se puede considerar como un síntoma de una lesión o una enfermedad, el dolor crónico es una enfermedad en sí misma.

¿El dolorse puede medir?

El dolor es un concepto subjetivo y existe siempre que una persona manifieste que le duele algo.

  • El hecho de que se trate de una experiencia individual, junto con la circunstancia de que no exista un método científico que lo haga “medible”, dificulta definirlo de una manera unánime.

Entre los distintos métodos o instrumentos que se utilizan para evaluar el dolor, las escalas son los más fáciles de aplicar en la mayoría de pacientes. Se limitan a recoger la intensidad del dolor como única dimensión del mismo.

Escalas del dolor

¿Cuándo acudir al médico?

Sabemos que el dolor suele ser una advertencia de nuestro cuerpo avisándonos de que algo no funciona correctamente. El problema lo encontramos en los dolores que deberían desaparecer pero no lo hacen.

  • Vivir con dolor durante un tiempo hace que la situación empeore, ya que dificulta la capacidad para trabajar, disfrutar y cuidarse uno mismo.

En aquellas situaciones en las que el dolor no mejore o persista a pesar del tratamiento del dolor, debería pedir consejo a su médico de Atención Primaria, quien será el encargado de instaurar la solución más adecuada para su alivio.

En este sentido, en algunos de los dolores más comunes, hay algunas directrices que se pueden seguir a la hora de saber cuándo acudir a nuestro médico.

Dolor en la espalda

  • Si el dolor de espalda le despierta por la noche o no mejora con el reposo.
  • Si, además, presenta fiebre o febrícula, cansancio, pérdida del apetito o de peso.
  • Si el dolor le pasa a una pierna.
  • Si el dolor es intenso o no mejora con el tratamiento inicial.

Un tipo concreto y común de este tipo de dolor es el lumbago, que aparece en la parte baja de la espalda. En este caso, a las recomendaciones previas se suma:

  • Si el dolor dura más de 2 semanas.
  • Si se nota la pierna dormida.

 

Dolor en la rodilla

  • Si aumenta el dolor o la pérdida de movilidad.
  • Ante una mala respuesta al tratamiento con analgésicos o antiinflamatorios.

 

Dolor cervical

  • Si el dolor le despierta en mitad de la noche.
  • Si el dolor dura más de 2 semanas.
  • Si el dolor baja por el brazo o se nota la mano y el brazo como dormidos.
  • Si aparece fiebre o vértigo.
  • Si el dolor fue debido a un golpe o un accidente.