Contractura muscular

Dra. Laura Isabel Arranz

Dra. Laura Isabel Arranz

Farmacéutica y Dietista-Nutricionista, especializada en dolor crónico
Profesora asociada en la Universidad de Barcelona Miembro del Comité Científico y coordinadora del Grupo de trabajo de Nutrición de la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR) Miembro del Comité Científico de la Sociedad Española de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (SEFIFAC) Miembro de la Sociedad Española del Dolor (SED)

¿Qué es?

Una contractura muscular es una contracción del músculo continuada, involuntaria y dolorosa, provocando que el músculo esté en situación de “trabajo”, es decir, en tensión. En condiciones normales, cuando nos movemos o realizamos algún tipo de ejercicio, el músculo se contrae para ejercer una fuerza, pero después las fibras musculares se relajan volviendo a la situación de reposo inicial. En algunas situaciones el organismo no puede realizar bien esa actividad muscular o hay un peligro de rotura de fibras y se genera la contractura.
Esta lesión es muy común entre la población y puede afectar tanto a jóvenes, adultos o personas mayores en situaciones muy diversas tanto a nivel laboral como de actividad física y de estilo de vida.

Tipos de contracturas

Las contracturas musculares pueden ser de diferentes tipos sobre todo según su origen o cómo y cuándo se inician:

  • Contracturas por hipotonía: se puede producir durante un movimiento o actividad física o después y siempre por falta de capacidad muscular o falta de entrenamiento.
  • Contracturas por sobreentrenamiento: igualmente se pueden producir durante o después de esfuerzos que resultan excesivos, de manera que el organismo genera una contractura con la finalidad de protegernos y evitar una rotura de fibras.
  • Contracturas postraumáticas o defensivas: Cuando se produce o hay una lesión grave, por un accidente, un traumatismo o incluso por una enfermedad, la musculatura que rodea a la zona afectada tiende a contraerse como mecanismo de protección. Por ejemplo, si tenemos un accidente que pone en peligro nuestra columna cervical el organismo generará una potente contractura para protegernos o si padecemos una enfermedad articular con degeneración e inflamación los grupos musculares de alrededor pueden estar más rígidos, con cierto nivel de contractura para proteger la articulación.
  • Contractura postural: el ejercicio excesivo puede ser un problema, pero el sedentarismo o la inmovilidad durante horas en una misma postura también. Se suelen producir de forma lenta y progresiva por malas posturas o por malos gestos que incluso mientras dormimos pueden generar este problema. Son ejemplos las contracturas en la zona de los hombros y zona cervical por trabajo durante horas delante de un ordenador o la tortícolis con la que podemos levantarnos de un día para otro.
  • Contractura por deshidratación: no beber suficiente agua puede también generar contracturas debido al desequilibrio electrolítico que se produce y que dificulta la función de contracción y relajación del músculo. La falta de hidratación puede favorecer también las contracturas cervicales y los dolores de cabeza debidos a esa tensión.

En cuanto a las zonas del cuerpo, las contracturas musculares más habituales suelen producirse en el cuello, hombros, espalda y piernas. Las tres primeras más asociadas a tensión muscular por falta de movimiento o por traumatismos y las últimas más típicas de la actividad física.

Causas

Ya hemos visto algunas de ellas como el sobreesfuerzo, la falta de tonicidad o fuerza muscular, los traumatismos, la deshidratación, etc. Pero aún hay otros factores que pueden favorecer su aparición, como, por ejemplo:

  • Estrés: si acumulamos tensión por factores externos que nos afecten especialmente, es más fácil que aparezcan contracturas musculares, habitualmente en la zona de la espalda y las cervicales.
  • Frío: los músculos, así como todo nuestro organismo, tienen temperaturas óptimas de funcionamiento, y cuando éstas bajan, las contracturas pueden aparecer más fácilmente.
  • Falta de elasticidad: mantener los músculos lo más elásticos dentro de nuestras posibilidades es bueno para evitarlas pues la falta de elasticidad o la rigidez muscular, nos hará más propensos a las contracturas.

Diagnóstico

En este problema de salud el diagnóstico se basa en la palpación del músculo pues así se detectan los posibles nudos o bultos que se producen a causa de los músculos en tensión y contracturados. También es importante la valoración de la presencia de dolor y la afectación de la movilidad pues esos factores confirman el diagnóstico. En algunas ocasiones pueden realizarse otras pruebas complementarias, como una radiografía, para descartar problemas más allá de la contractura, como puede ser una fractura ósea, sobre todo si la persona ha sufrido un accidente o traumatismo.

Pronóstico

Es un problema de salud poco grave pero realmente molesta y que impide que hagamos algunos movimientos o tareas habituales en nuestro día a día o que las hagamos con un menor rango de movilidad. Si no se trata a tiempo, puede empeorar o retrasarse su resolución, cosa que puede complicar la recuperación del músculo y de la movilidad.

Síntomas

Además de la aparición de una zona abultada (nudo) en el grupo muscular afectado, los síntomas son:

  • Dolor
  • Rigidez muscular e incluso articular
  • Limitación de movimiento
  • Debilidad muscular

Tratamiento

Aunque no es un problema grave de salud el tratamiento debe ser pautado por un médico o por un fisioterapeuta. En estos casos lo más efectivo es:

  • Reposo muscular: no forzar el músculo afectado es clave para que pueda recuperarse
  • Los masajes bien realizados, siempre por manos expertas, ya que ayudan a mejorar el flujo sanguíneo en la zona, aportan calor y ayudan literalmente a deshacer los nudos ocasionados por las fibras musculares contraídas
  • La aplicación de calor local que ayuda a que el músculo pueda iniciar su proceso de relajación y, además, proporciona un efecto analgésico que reduce el dolor
  • Fármacos miorelajantes orales: en muchas ocasiones son necesarios para conseguir relajar de forma más efectiva y rápida las contracturas intensas y así mejorar el proceso de recuperación, aliviar el dolor, la rigidez y las molestias.
  • Fármacos antiinflamatorios orales: normalmente no son el tratamiento de elección, pero si la contractura está asociada a una inflamación o a una lesión en la zona pueden ser de utilidad para acelerar el proceso.
  • Cremas antiinflamatorias o analgésicas: son de gran utilidad como complemento al tratamiento mediante la autoaplicación en la zona afectada varias veces al día. Tanto los componentes activos de las cremas como el calor que se genera mediante su aplicación ejercen efectos beneficiosos.

Lo ideal para su tratamiento es consultar con un médico o un fisioterapeuta.

Prevención

Las medidas de prevención siempre son importantes y dependerán un poco de la situación de la persona, de su contexto labora o lúdico, etc.
Si lo que queremos es evitar las contracturas cuando hacemos actividad física, deberíamos:

  • Procurar calentar bien la musculatura antes de empezar
  • Los masajes bien realizados, siempre por manos expertas, ya que ayudan a mejorar el flujo sanguíneo en la zona, aportan calor y ayudan literalmente a deshacer los nudos ocasionados por las fibras musculares contraídas
  • Realizar unos buenos ejercicios de estiramientos al final.

Si lo que queremos es evitar las contracturas en nuestro puesto de trabajo debemos atender y seguir las recomendaciones que sean específicas para la tarea que realizamos, la postura que tenemos que adoptar para ello y las horas que debemos trabajar y descansar. En general, es necesario:

  • Una buena posición de nuestro cuerpo respecto a nuestras herramientas de trabajo
  • Unas pautas de descansos adecuadas con movimientos que permitan relajar los grupos musculares implicados
  • Aplicar pequeños masajes o calor en la zona potencialmente sensible

Y siempre, mantenerse bien hidratado.